En muchas ocasiones se malinterpreta el concepto de intensidad, ya que se usa este término para referirse a entrenamientos duros y complicados, con escasos períodos derecuperacion y gran volumen. En términos científicos, la intensidad no es más que el porcentaje que supone un determinado peso respecto al máximo que serías capaz de mover en un ejercicio concreto y sin alterar la tecnica. Un culturista utiliza series más largas y, por tanto, menos peso que cualquier deportista defuerza como pueda ser un jugador de rugby o un levantador de pesos. Sus entrenamientos nunca tendrán la misma intensidad. Da igual lo musculados que estén, los gritos que dan durante las series o que parezca que vayan a arrasar con el gym como si fueran Hulk. La intensidad se suele describir como el numero de repeticiones máximas, siendo mayor contra menor es el numero de repeticiones capaz de realizar sin alterar la tecnica. En este sentido, 8RM significará un peso con el que puedas hacer ocho repeticiones como máximo, y esta intensidad será siempre menor que 5RM por ejemplo. No hay que decir que el peso máximo que eres capaz de mover se describe como 1RM. El número, o más exactamente el rango de repeticiones, que elijas para tu entrenamiento está determinado por lo que se llama el "Continuum Neuromuscular". Según esta teoría, ante un mismo tiempo, un número bajo de repeticiones máximas provoca una adaptacion en el sistema nervioso que se va perdiendo en favor de una adaptacion a nivel muscular conforme aumentan el numero de repeticiones. Esta teoría se ve contrastada día a día al observar que aquellos que entrenan a 3-5 RM obtienen mayores resultados en fuerza maxima que aquellos que entrenan a 10-12 RM, mientras que estos últimos ganan más masa muscular. Es por ello que el numero de repeticiones determina el tipo de resultados que obtendremos y, por tanto, debe tenerse en cuenta a la hora de diseñar un plan de entrenamiento.
La ilusión y el optimismo son dos aspectos que en mi opinión, van unidos a la hora tanto de desarrollarnos en un puesto de trabajo como en nuestro día a día, los cuales hay que sumar a la constancia. Debemos ser constantes y valorarnos a nosotros mismos y lo que podemos ofrecer. Los cambios en la superación personal nunca se producen de manera súbita. Requieren de un proceso. Avanzamos a pequeños pasos. Nunca conseguirás cambios, mejorando tu vida, de un día para otro. Por eso es necesario adquirir hábitos, mecanismos que te permitan mantener la constancia en el empeño. Pensar en positivo. Si no consigues alcanzar el objetivo, beneficios a corto plazo, debes saber enfocar la atención en lo importante para no desanimarte. Hay dos pasos para mantener la constancia hacia los objetivos: LO PRIMERO es aprender a NO concentrarse en lo NO deseado. Es una reacción normal quedar bloqueados en el fallo, sea cual sea. Una vez se ha tomado la determinación de alcanzar algo, esa debe ser nuestra única meta. Ya no debes volver a poner tu atención en lo que no deseas, sino en lo que quieres conseguir. Si son deudas, por ejemplo, organízate para salir de ellas. Crea un plan, cambiar de trabajo, mejorarlo, ajustar tus gastos y presupuesto, o lo que sea. Y a partir de ese momento céntrate en ello exclusivamente. No debes volver a pensar en deudas. Centrarte en los objetivos, en la solución, no en lo que no deseas. Si no lo haces así, perderás el tiempo y la energía en lo que ya no te interesa, y lo atraerás. Y te apartarás del camino que has trazado, antes de empezar. Aplícalo a cualquier campo, relaciones, tu cuerpo, tu trabajo, tu vida. Aprende a automatizar la reacción de enfocar lo que te has propuesto cada vez que te descubras volviendo a caer en el error. Y no te sientas culpable. No eres culpable, eres responsable. Y ya has asumido la responsabilidad. Preocúpate de solucionarlo, no de culpabilizarte. No pierdas más tiempo inútilmente. LO SEGUNDO es dar valor a los pequeños avances o al esfuerzo que realices para conseguirlo. Si quieres cambiar la relación con tu pareja, y no volver a enzarzarte en discusiones, valora el esfuerzo que te suponga. Y si vuelves a caer, fíjate en sí, al menos, te has dado cuenta. Aunque no lo hayas podido evitar. El solo hecho de haber sido consciente, significa que algo ha cambiado en ti. Tu subconsciente, las conexiones neuronales que se activan de modo reflejo, llevan años reforzándose. No puedes alterarlo de golpe. Es humano fallar, pero si empiezas a agradecer el hecho de haberte dado cuenta, fortaleces tu propia convicción. Se comienza mintiendo, porque no te lo acabas de creer, pero la repetición hará que se convierta en cierto. Generamos la realidad en nuestro interior, nuestros pensamientos se pueden convertir en creencias, se puede aprender a admitirlos como verdaderos. Si lo ves como un avance, esa sensación se hará más y más fuerte. lo segundo es dar valor a los pequeños avances o al esfuerzo que realices para conseguirlo. Si quieres cambiar la relación con tu pareja, y no volver a enzarzarte en discusiones, valora el esfuerzo que te suponga. Y si vuelves a caer, fíjate en sí, al menos, te has dado cuenta. Aunque no lo hayas podido evitar. El solo hecho de haber sido consciente, significa que algo ha cambiado en ti. Tu subconsciente, las conexiones neuronales que se activan de modo reflejo, llevan años reforzándose. No puedes alterarlo de golpe. Es humano fallar, pero si empiezas a agradecer el hecho de haberte dado cuenta, fortaleces tu propia convicción. Se comienza mintiendo, porque no te lo acabas de creer, pero la repetición hará que se convierta en cierto. Generamos la realidad en nuestro interior, nuestros pensamientos se pueden convertir en creencias, se puede aprender a admitirlos como verdaderos. Si lo ves como un avance, esa sensación se hará más y más fuerte. Y la próxima vez, a lo mejor callarás en lugar de ponerte a gritar, aunque creas tener razón. Porque tú has lo decidido. Porque te has comprometido a mejorar tu relación. Porque el cambio está en tu mente. Y porque no es tu pareja la que debe transformarse. Eso sólo ocurrirá si vuelve a ver en ti a una persona en quien confiar. Ni tampoco las circunstancias, ni el gobierno, ni la crisis, ni la mala suerte, ni tu metabolismo, ni el destino, ni el impresentable de tu jefe, ni tu desgraciada infancia, ni nada ni nadie. Y te dejarás de tonterías y de hacer pagar a todo lo de afuera de tu situación, de buscar culpables. A no ser que quieras continuar como siempre. Y aunque no consigas grandes cambios, empezarás a alegrarte por los pequeños pasos. Por cada escalón que subes y que te aleja de la infelicidad. Te acostumbrarás a verte mejorando tu vida. De igual modo que un atleta disfruta levantando grandes pesas con su desarrollada musculatura, al principio le costó iniciarse sin el físico ni la costumbre del entreno. Y ese esfuerzo, ese sacrificio sin la compensación de ver resultados, fue el cimiento del éxito posterior. Por eso es muy importante valorar tu implicación, tu coraje, tu trabajo y tus mejoras, por insignificantes que te parezcan. Pues no lo son, son las etapas en el camino a tus sueños. Llegará un momento en que ese jefe impresentable que amargaba tu existencia, dejará de obsesionarte. Habrás ido concentrando tu energía en la solución que te hayas propuesto. En hacer tu trabajo sin preocuparte, en formarte para cambiar de empleo o en dejar de aceptar sus mezquindades. Y un buen día, te descubrirás riéndote del pobre hombre, que bastante desgracia tiene en ser como es. Porque al enfocarte en los objetivos y no en él, perderá importancia, saldrá del foco, y dejará de ser parte de tu vida. De la vida que TÚ has elegido. Tomar la decisión de cambiar, clarificar los objetivos, valorar el esfuerzo y los pequeños avances, te llevarán a la constancia. Y con la constancia el camino de la superación personal se irá haciendo más y más cuesta abajo. Y tu existencia dejará de ser un valle de lágrimas, y se transformará en una constante y alegre lucha por tus sueños. Mejorando tu vida. Eso, o seguir arrastrándote miserablemente quejándote de tus desgracias, ¿Qué eliges?